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   Cada ocho de mayo, al igual que gran parte de Europa, los 158 municipios de Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa celebran el armisticio de la Segunda Guerra Mundial en la que más de 60 millones de personas perdieron la vida, entre ellos cientos de vascos. Pocas semanas antes del fin del conflicto, el Batallón Gernika participó en la liberación de la Pointe de Grave en el Médoc, en las afueras de Burdeos. Bajo las órdenes del comandante irundarra Kepa Ordoki y la supervisión del Gobierno vasco en el exilio y del Lehendakari José Antonio Agirre, decenas de hombres de Gipuzkoa, Bizkaia, Araba y Naferroa que huyeron del franquismo lucharon contra los nazis en Francia. Cinco de ellos perdieron la vida. Y no fueron los únicos, tal y como recuerdan los monumentos construidos en todos los pueblos de Euskadi norte.

   A finales de junio de 1940, los alemanes llegaron a Euskal Herria y entre sus primeras decisiones ordenaron quitar todas las banderas francesas y sustituirlas por la bandera nazi, un símbolo que permaneció hasta agosto de 1944. Durante cuatro años ocuparon gran parte de Lapurdi y Baja Navarra, tiempo en el que actuaron contra la población judía de la zona: sesenta judíos de Baiona fueron enviados a los campos de exterminio.

  

   Además de requisar bienes a la población civil, los ocupantes solían invitarse a comer en las casas de la población civil. En Hendaia, Estefana Irastorza recordaba el día en el que soldados alemanes pidieron que, en vez de servirles pollo o gallina, les dieran para comer gallo. La niña, que tenía entonces unos diez años, entendió más tarde que la intención de los nazis era que se sacrificase al animal símbolo de Francia.

   Para hacer frente a la ocupación, numerosos vascos del norte optaron por integrarse en redes de la resistencia y no pocos actuaron como mugalaris para facilitar la huida de miles de judíos, aliados y hombres que no querían participar en el STO, el Servicio del Trabajo Obligatorio.

   Durante los años cuarenta, los Pirineos se convirtieron en una auténtica zona de escape gracias a la ayuda, entre otros, de los contrabandistas locales que conocían la zona mejor que los ocupantes. Pese a todo, los alemanes consiguieron capturar a más de 3.500 personas que intentaban huir hacia España. Casos como el de un joven de San Juan de Luz, obligado a participar en la construcción de los búnkers del Muro del Atlántico, que todavía se pueden ver hoy en día en las playas de Lapurdi. Capturado cuando trataba de huir del STO, los nazis le enviaron a un campo de concentración dónde murió con tan solo 18 años...

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